lunes, 13 de junio de 2016

¿Que es la escultura ?

"Creo que la escultura es algo así como un pensamiento corporizado, que surge de la realidad y se transfigura en imagen, sin narrar ni ilustrar nada, sólo en imagen que dice por sí, sin que haya otro lenguaje para suplantarla. "Leo Vinci

Angel -  Niki de Saint Palle 
La utilización de la profundidad , del espacio tridimensional y sus posibilidades expresivas, tienen diferentes modos de ser, dentro de estos modos está la escultura.
En el proceso creador de la escultura intervienen  especialmente las nociones de espacio, no solo arriba, abajo, adelante, atrás, sino espacio vacío y lleno. Los espacios vacíos nos ayudaran a interactuar con el entorno físico, en el que se emplaza una escultura.   La relación figura - fondo se transformara en figura - contexto.
Otra diferencia, entre las posibilidades de la bi y tri dimensión, estará planteada en la posibilidad de observar la obra desde diferentes ángulos, puntos de vista, esta posibilidad debe contemplarse en el momento de producción, sera sumamente importante que se pueda girar la pieza, para ello usaremos un soporte que permita su manipulación. Tabla, pedestal, banco u otro.  

El escultor argentino  ENIO IOMMI, juega con la linea en el espacio. 

La escultura y los niños : 



Para ideas y materiales posibles los invito a visitar el tablero de pinterest :



"Hacer esculturas en la escuela infantil, ¿es posible, cómo?" 
por Ana Clara Hermida                                                                           tomado de Gonzalo Manigot  

Hacer esculturas en el jardín nos presenta grandes desafíos. Al pensar en este tipo de producciones inevitablemente nos surgen preguntas como ¿con qué materiales? ¿dónde guardaremos después los trabajos? Si llevan un proceso con tiempos de secado o de preservación de humedad ¿cómo hacemos para conservarlos? ¿Qué técnica utilizaremos? ¿Con qué herramientas? ¿No son peligrosas? etc.
A todas estas cuestiones se les suma la imposibilidad de incluir estas esforzadas producciones en la carpeta; la dificultad para exponerlas por cuestiones de espacio; la falta de información y formación en esta disciplina artística en el profesorado de las docentes; la poca bibliografía sobre su evolución en la infancia; el predominio de la pintura por sobre la escultura en el estudio de la historia del arte y, en consecuencia, su reproducción en láminas y libros de arte.
Si nos dejásemos llevar por todas estas cuestiones, sin duda la escultura ocuparía un lugar más que secundario en el jardín, como muchas veces sucede. La clave para repensar el trabajo tridimensional en el aula, para que sea posible y sobre todo valioso hacer esculturas en el jardín sorteando todos estos obstáculos, radica en un cambio de matriz que nos permita reelaborar preguntas desde otro marco epistemológico.
Un nuevo paradigma
El pensamiento moderno surgido en siglo XVIII, consolidó una concepción del arte opuesta al conocimiento científico y vinculada a lo sensible, la belleza, lo irracional y subjetivo, en donde el artista era considerado un genio, poseedor de un talento innato. Si bien estas concepciones del romanticismo fueron cuestionadas en el transcurso del siglo XX, generaron supuestos de fuerte impacto en la educación artística argentina - y en especial en el Nivel Inicial - derivando en los modelos educativos tecnicista y expresivista: Si el arte es expresión y privilegio de algunos genios talentosos, solo es posible enseñar sus aspectos técnicos y permitir la libre expresión.
Actualmente, y legitimado por los nuevos diseños curriculares, se entiende que el arte ofrece una forma de acceso al conocimiento y que con sus materiales, procedimientos y códigos en el marco de una cultura, es un conjunto específico de saberes que puede ser enseñado, aprendido, evaluado y capaz de ser fuente de conocimientos nuevos.
Dentro de este marco epistemológico, problematizar la escultura en el jardín nos conduce a pensar qué nuevos conocimientos y saberes serán enseñados y aprendidos a partir de su abordaje.
La praxis escultórica: una maestra irremplazable
Si bien en el jardín de infantes las actividades de plástica involucran la exploración y manipulación de técnicas, materiales y herramientas donde media el disfrute y el descubrimiento, no debemos olvidar que el arte no es un procedimiento mecánico ni un hacer solo expresivo y recreativo, sino que necesita de continua reflexión.
Hacer una escultura implica todo un proceso de planificación, percepción, producción y reflexión que, acompañado por una buena estrategia de intervención didáctica, propicia desarrollos conceptuales y reflexivos en arte.
La planificación. El momento de pensar cómo, con qué y para decir qué cosas.
Aquí la escultura tiene grandes lecciones para dar. Sabemos que desde el paleolítico, incluso antes de desarrollar el lenguaje oral, el hombre ha producido imágenes tridimensionales, tallando la piedra o modelando barro. Recorriendo la Historia del Arte, podremos observar variadas esculturas con diferentes sentidos: religioso, político, didáctico, ornamental, estético, etc. pero todas ellas con producción de sentido y valiéndose de tres procedimientos escultóricos básicos: el modelado, la talla o la construcción. Asimismo, los materiales en la escultura nos “hablan”, cuentan historias desde su corporeidad: el barro, la piedra, la madera, los materiales sintéticos utilizados en el arte contemporáneo, todos ellos significan de por sí si se los aprende a interpretar. Es así como, además de concebir el mensaje de la obra y elegir los materiales, a veces el escultor necesita prever una estructura interna que posibilite mantenerla erguida o realizar bocetos, sobre todo si la obra es de grandes dimensiones.
La percepción. Donde se confronta, se compara, se agrupa, clasifica, selecciona.
Tanto en el proceso de su realización, como en la apreciación de una obra acabada, la escultura nos brinda la posibilidad de desarrollar, de una manera singular, la percepción visual y táctil: podemos mirarla, recorrerla, tocarla, acariciarla, olerla, sentirla...
La percepción integral de una escultura propicia el conocimiento de la forma, el volumen, el espacio tridimensional, las texturas, las luces y sombras, leyes compositivas vinculadas al ritmo y el equilibrio entre otros elementos del lenguaje visual.
"La producción. Un proceso en el que se ensaya, se corrige, se prueba, se evalúa, se cambia"
El modelo de la modernidad antes mencionado generó también el supuesto de una práctica artística sin ninguna reflexión. Es verdad que mientras se realiza una obra surgen ideas insospechadas, soluciones inesperadas, cuestiones fortuitas que son apropiadas por el realizador, pero esto no significa que la producción sea fruto de un rapto de inspiración mágica. Durante el proceso de producción de una escultura, el niño resuelve. Pone en juego experiencias, conocimientos previos, emociones, procesos de investigación, capacidades prácticas y teóricas en función de su objetivo. Cada procedimiento escultórico conlleva un desafío particular en el uso de sus materiales, herramientas y metodología propios. Todos y cada uno de ellos nos proponen el maravilloso y exclusivo reto de concebir una imagen en el espacio tridimensional, atendiendo a la multidireccionalidad.
La reflexión. Interpretar, conceptualizar, sensibilizarse...
Cuando el niño se encuentra frente a una escultura - ya sea realizada por un escultor, por un compañero o propia- reflexiona sobre lo que significa, lo que expresa y comunica, recuerda otras cosas, se emociona, se sensibiliza estéticamente. También puede dar cuenta, verbalmente, sobre lo que hizo, cómo, con qué, por qué y para qué.
Con la orientación didáctica apropiada, el niño pequeño es capaz de comenzar a construir conceptos y criterios sobre el arte y la producción artística. Desde el jardín de infantes podrá comprender que la escultura es mucho más que “jugar con masa”. Es una actividad que se puede aprender y que requiere trabajo, tiempo, reflexión, actitud crítica, observación, interpretación y confrontación.
Cerrando y abriendo preguntas
Volviendo a nuestro interrogante inicial podemos concluir que más que posible o no, es necesario hacer esculturas en el jardín por sus características insustituibles por otros lenguajes. En cuanto al cómo, debemos guiarnos por sus alcances cognitivos para que cobre sentido optar entre modelar con barro, pasta cerámica, masa de sal; construir con material de desecho, tiras de papel, ensambles de cartón; o tallar en goma-espuma, bloque de telgopor o jabón. Cada proceso de producción propiciará la construcción de nuevos conocimientos para interactuar con el mundo simbólico, si son acompañados por una correcta intervención didáctica. Lo mismo sucederá con la apreciación y contextualización de la escultura que visitamos en la plaza, en el museo o en el taller de un escultor; las reproducciones que vemos en libros, láminas o en la computadora.
Hacer esculturas en el jardín nos presenta grandes desafíos.
Pero no desanimemos y aprendamos de los que saben:
Después de haber realizado esculturas con distintos procedimientos, la señorita les preguntó: -de todas las esculturas que hicimos, ¿cuál les gustó más?-
Tomás respondió: -la de alambre y papel de aluminio, porque era la más difícil.

Para ampliar esta mirada

¿QUE ES LA ESCULTURA PARA LOS NIÑOS?.
 La percepción del volumen en niños de Educación Infantil. 
AUTORES: Amparo Fosati Parreño. Profesora Titular de la Universidad de Valencia- Área de Didáctica de la Expresión Plástica. 
Enric Segarra i Garibó. Escultor y Pintor.


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